La guerra por el mundo- PT2

 



Quisiera irme ahora, en paz. Tú que vives un un mundo extinto para mí, donde la felicidad desborda cada día, te costará entender mi deseo de morir, ahora mientras me sujeto a una pizca de felicidad, ahora antes de que la realidad me la arrebate. Poco a poco llega, la realidad. Primero en forma de sonido, voces, una discusión ferviente. No estoy seguro, pero me parece que uno de ellos es Carlos. Después la sensación de gentiles cuidados a mi cuerpo deshecho. Voces de nuevo, esta vez más serenas. Y así, en parches provistos por mis sentidos poco confiables hasta que un día despierto por completo, en una habitación oscura. Intento levantarme, mi cuerpo entumecido me maldice, lanzo un penoso gemido.


Una puerta a mi derecha se abre y la luz que entra me deja ver que en realidad estoy en una lujosa habitación. Entra una señora, más joven que Sofía pero no tan bien tratada por el tiempo. Se apresura a detenerme, me obliga a recostarme y me ofrece un vaso de agua. Mis labios la acarician incrédulos, es agua limpia, pura y cristalina. 


-Eso, pero no mucha, ya casi se nos acaba- dice la señora, quién se ha ganado mi eterna gratitud- Mi hijo vendrá con usted en unos momentos, intente mantenerse despierto- Se retira dejando la puerta abierta.


Pronto regresa con su hijo, un hombre importante. Como tal despliega un buen atuendo, una chaqueta de cuero, sin hoyos, parches o enmendaduras. Un pantalón suave, negro. Unos zapatos ligeros y poco resistentes. La fragilidad de sus prendas revela que ya no se dedica a trabajos pesados o arduos, en cambio maneja la ciudad, a sus habitantes. Dice que nos mantiene a salvo de la clase política y su insaciable ambición. Así se presenta el:


-Y señor, este es nuestro día de suerte, el destino nos ha unido. Que sobreviviera a ese aterrador ultraje por parte de la escoria que era su líder de patrulla, justo cuando pretendo iniciar un proyecto que terminará con la miseria de nuestra bella ciudad, no es más que una señal divina. Ahora descanse, le haré saber cuando la cena esté lista para que nos acompañe, y juntos podamos forjar el futuro. 


Solo puedo pensar: “Basura”.



Supongo que si fuera a describir su casa me quedaría corto en palabras para remarcar tanto mi asombro como incredulidad. Así que saltaré directo a la cena. Nunca antes había comido en una mesa, mucho menos una tan larga, donde los comensales no se atragantaran por miedo a que alguien más comiera lo suyo. En realidad la comida fue los mismo de siempre, atún, frijoles, algunas verduras demasiado saladas y otras conservas de lata. Pero por la forma en que fue servida, comprendí por qué la gente anhelaba tanto un poco de poder. No solo no la comían directo de la lata, si no que la servían en un plato de porcelana, frágil y frío. No me tomó mucho imaginarme a mí mismo, comiendo de esa manera todos los días junto a Karen, un teatro de civilización dentro mientras fuera la gente vive con pan hongueado y la fé es depositada en los grupos criminales, ya sea los legales o ilegales. Tiene cierto encanto, difícil de pasar de largo. 


Los asistentes, aparte de un servidor, eran el hombre que me visitó antes, Antonio Salazar, jefe de los excursionistas y otras mafias, su madre, su esposa y su pequeña hija de cuatro años, a quien mandaron a dormir en cuanto acabó su comida. Estaban también su segunda mano, un hombre delgado y cuidadoso con su aspecto quien se presentó como Alberto, y el Secretario de Seguridad y Defensa, Fausto Vallejo. El administra la cantidad de excursiones permitidas por mes y la repartición de provisiones entre ellos y sus ayudantes.


Comen, charlan y bromean con la mayor de la sutileza y casualidad. Durante todo este tiempo pueden imaginarme a mí, experimentado excursionista, sin la más mínima idea sobre qué hacer, cómo reír, cuándo sonreír y asentir. Después de una hora suenan a lo lejos las diez campanadas del toque de queda, entonces la esposa acompañada de la madre de Antonio suben, no sin antes despedirse de su esposo con un tierno beso.


-Iré contigo en tan solo un segundo- le dice este con cariño.


Entonces quedando sólo los hombres en la mesa, las miradas se vuelvan más inquisitivas. El ambiente se tensa, ya no bromean ni ríen ni charlan con casualidad, porque ya no se permiten las casualidades. Esta es la trama, donde el verdadero poder se despliega sin temor o mesura. 


Por un momento los tres hombres, titanes dirigentes del último bastión de civilización, me estudian sin asombro, con el mismo interés que un perro ve a un trozo de carne. El licenciado Vallejo rompió el silencio:


-Así que joven, ya que solo quedamos hombres con el estómago lleno y mente fría, sería tan amable de relatarnos esa terrible tragedia que aconteció hace dos noches. Antonio asegura que fue Carlos quien resultó traidor, pero tanto tiempo de hacer tratos con él, me resulta difícil imaginarlo cometiendo tan atroz barbaridad, querer matar a uno de los suyos.


-No fue tan atroz ni tan bárbaro sabe, solo que es así como funcionan las cosas. No conozco muy bien la historia, pero escuché que fue así como Carlos consiguió su puesto en primer lugar. ¿Por cierto dónde está? tenía un par de cuotas que cubrir...


-Ya no tendrás que preocuparte por Carlos- dice Antonio- su traición no fue tolerada en lo más mínimo. Es por eso que estás aquí, y que tu deuda será perdonada. 


-Órale, muchas gracias señor- digo con tono agradecido- nunca antes escuché que hubieran perdonado una deuda por más pequeña que fuera.


-Oh pero claro que sí, cuando se trata de los intereses de la mayoría haremos lo que sea necesario, y por cierto que tu deuda no era nada pequeña- dice Vallejo relajando su tono, se acomoda en su silla y continua- Y en este caso señor, usted es la clave para asegurar el bienestar social que tanto necesitamos. 


-¿En serio? no veo cómo, es tan inesperado que me digan esto...- ...para nada. “Ellos dicen lo que quiero escuchar, ignoran una mísera deuda cuando tan solo esta noche cenamos el triple. Están diciendo lo que quiero escuchar, pues bien, este es un juego para dos- soy un simple excursionista.


-Un excursionista que fue y volvió quince veces, eso es mucho -dice Alberto, rompiendo su silencio. - La mayoría por tu cuenta, con excelentes botines en cada una, con excepción de la última, sin embargo buena marca aún así. Lástima que hayas preferido arriesgarte a ir por tu cuenta, que compartir el botín con tu ciudad en la mayoría. Hay quienes no tolerarían tal egoísmo, menos aún en las actuales situaciones. 


Enmudezco. Hasta ahora una posibilidad extra recorre mi mente ¿y si vieran en mis escapadas en solitario algún tipo de amenaza? Hasta ahora no ha sucedido, pero si cada vez más excursionistas (me) siguieran mi ejemplo (ojalá esté muerto) de salir en solitario, o al menos sin líder de patrulla, para evitar compartir el botín. Jamás lo permitirían.


-No, le aseguro que trata de eso- mi voz tiembla a pesar de mis esfuerzos por mantener la calma- es solo que evitar las luces en el campo minado es mucho más fácil en solitario, seguro si pudieran apagarlas por más tiempo a nuestro regreso…


-¿Y arriesgarnos a la entrada de algún invasor mientras tanto? ni hablar- interrumpe con orgullo y furia Vallejo- Es preferible que muramos de hambre antes que someternos a tan abominables bestias. Solo imagínenlo, sería el fin de la civilización, la tierra quedaría a merced de la completa salvajía, no podemos permitirlo. Ya es un riesgo que salgan y vuelvan, si hemos sido indulgentes hasta ahora es porque su valeroso servicio es de vital importancia. Además, con la ayuda que brindamos y la destreza de sus líderes las fatalidades han decaído. 


-Y con tu ayuda, estoy seguro que serán casi nulas- dice Antonio con más entusiasmo y empatía- Si fueras tan amable de entrenar a unos cuantos novatos, enseñarles a salir por su cuenta, con la facilidad que tú lo haces. Buscar apropiadamente, estoy seguro que tanto el número de fatalidades, como la frecuencia con que es necesario salir decaerá. Los botines alcanzarían para más gente. Brindaría la estabilidad que buscamos para empezar a expandir la ciudad, y poco a poco recuperar nuestro planeta, nuestra herencia por derecho. El futuro de la humanidad puede bien estar en tus manos en este momento, ¿qué dices?.



Acepté. En primera porque de no hacerlo bien podría darme por muerto. En segunda porque me ofrecieron una excelente oferta, como ninguna que hubiera escuchado. Entrenaré a unos cuantos novatos (ojalá esté muerto), máximo por tres excursiones más -si en tres excursiones no aprenden nada jamás lo harán- y listo. Se asegurarán que no me falte comida, una buena habitación, nada de preguntas o intrusos. Ya que es una suerte de “nueva escuela”, sin líderes de patrulla, no debo preocuparme porque alguien tome mi lugar al asesinarme. Además, es la oportunidad perfecta para mostrarle a Karen aquel edificio (es en realidad mi única oportunidad). Solo necesito encontrar la forma de hacerle llegar mi mensaje. Menos mal que se de alguien a quien le haría bien una buena follada.




Jergas fue al siguiente día bajo mi petición al burdel, según su relato, las cosas fueron así:


Entrar no fue ningún problema, Sofía ya lo conocía a él y su fea cara, -es de hecho un cliente no muy frecuente pero constante- aunque por fortuna no tenía idea de nuestra conspiración. Jergas dijo el nombre de la chica, ella lo guió. Karen lo esperaba con un atuendo muy sensual, apenas un corpiño y unas bragas con encaje amarillo -no sé porqué se tomó la molestia de decirme esto-. Ella por su parte lo entendió todo apenas entró en la habitación, y en cuanto Sofía cerró la puerta desde afuera, fue todo menos amable.


-De una vez te digo, si crees que voy a escuchar lo que sea que quiera que me digas estás equivocado, preferiría que me dieras por el ano grátis antes que ese pedazo de mierda vuelva a mentirme.


-Que bueno que lo menciones, porque de hecho puedo pagarlo. Pero no lo haré, ese hombre te quiere demasiado, y yo a él. 


-Jergas hablo en serio. No tengo nada contra ti, puedo llamar a Sofía y decirla que cambiaste de opinión. Te dejará ver a otra chica, porque yo no…


-Me temo que no puedo, ya que él pagó esta visita en particular, no puedo esta vez. Pero ya vendré la siguiente semana con la dulce Rosa, o tal vez Lola. Casi no recuerdo cómo eran las mujeres en el pasado, pero acá en el fin del mundo no tenemos nada que envidiarles ¿no crees? 


-Supongo que sí, las dos son chicas muy lindas- Karen se sienta en las cobijas. Jergas saca un par de cigarros, prende uno para él y le ofrece el otro a Karen, ella lo acepta- ¿Cómo está? ¿pudo retirarse sin problemas?


-Me temo que no. No porque no quisiera, pero ya sabes como son. Si realmente hubiera oportunidad de retirarse (sin problemas) sería un gran club social. 


-Ya lo sé, traté de decírselo antes de que entrara. Era antes de que yo entrara aquí, y realmente la estábamos pasando mal. Recuerdo una ocasión, en la que nos ofrecieron comida por limpiar un edificio ¿si sabes cual? él que está por el palacio, el grandote.


-Claro, 15 pisos. Un hotel creo que era en sus buenos tiempos. Por la cantidad de comida, los grandes espacios y la pompa fue uno de los lugares en los que la gente tomó refugió, y de los primeros que se llenó si no mal recuerdo. Para el final apestaba tanto a orina y mierda que era un martirio el solo pasar por un lado, aun con las ventanas tapiadas.


-La orina y la mierda no eran lo peor. Al final eran lo de menos, no eran lo único, no sé si me entiendas. No sé si él te haya contado alguna vez, éramos 10 en total, cada uno debía ocuparse uno o dos pisos, dependiendo de qué piso se tratara. Él y yo decidimos compartir los nuestros, cuatro en total, los de en medio:


“No sé cómo pretendían que nos deshicieramos del olor, y mientras más lo pienso no creo que fuera lo que realmente quisieran, sino que evitáramos que se propagara, que hubiera más. Tienes razón en cuanto a la gente. Por sus ropas y la forma en que las encontramos, algunas parecían estar así desde hace mucho, en especial los ancianos. No era el primer cadáver que veía, pero sí el primero de esa época, no sé por cuánto tiempo haya estado ahí, pero por la expresión de su rostro- la parte que no había sido comido por las larvas- era como si hubiera visto algo que nosotros nunca podremos. Como si algo de esos tiempos, algo bueno, hubiera muerto junto con ellos. La primera fue una mujer, por sus frágiles rasgos se veía que era muy bonita. Estaba junto a la ventana, mirando hacia afuera, hacia nada en particular. En un principio creí que antes había algo que posteriormente fue derrumbado, alguna construcción. Pero entonces encontré a otro, en la misma posición, en otro piso, mirando hacia otro lado, con la misma mirada ausente. Por primera vez en mi vida sentí tristeza y coraje por haber perdido eso, la vida que ellos hayan llevado, y lo que sea que hayan sentido al momento de morir, y su fascinación por no ver a ningún lugar en concreto. 


“Luego estaban los bebés. No tienes idea de la cantidad de bebés que había. Recuerdo discutir con él:


-Con lo delicadas que son las mujeres embarazadas -dije , -¿cómo es que consiguieron salvarse por tanto tiempo ¡y en tantas cantidades!, y llegar hasta aquí. 


-Tal vez sintieron lástima por ellas, tal vez sus parejas pelaron hasta la muerte porque ellas estuvieran aquí, se sacrificaron ellos mismos- decía mientras guardaba el pequeño cadáver en la bolsa negra, yo no podía más que sostenerla abierta- tal vez creían que no iba a ser por mucho.


-Tal vez, aunque me cuesta verle sentido. Un bebé significa una boca más, por lo tanto menos posibilidades para la gente adentro, ¡incluído el bebé! Es por eso que murieron, por tontos.- no lo decía en serio, pero si no decía algo así iba a llorar. Estaba muy sensible ese día.


Hicimos lo posible para terminar nuestro trabajo, pero cuando íbamos por la mitad del cuarto piso estábamos tan exhaustos que no pudimos continuar. Tuvo que sacarme a rastras del lugar. A pesar de haber casi terminado el trabajo no quisieron pagarnos, fue tan irritante. Nos prestaron una lata de conserva a cada uno, sin la que seguramente no habríamos salido vivos. Al siguiente día Él se unió a los excursionista, con las latas que le dan al empezar pagamos la deuda para comer un poco más. Aunque yo no pude, estaba tan furiosa.


-¿Qué es lo que siempre decimos de ellos? son igual que el gobierno, escoria viva que se empeña en pisotear nos. ¿acaso quieres morir?- le grité el día que me contó.


-No Karen, no quiero morir, y no quiero que mueras. No pretendo seguir ahí por mucho, solo lo suficiente para comer, pagar la deuda y darte a tí un poco de comer. No puede ser tan difícil, y aparte nuestro líder es de los mejores, puedo aprender de él y tal vez salir por mi cuenta, alimentarte a ti


-Oh claro, antes de que termines en pedazos allá afuera, no muy lejos, pero lo suficiente como para que jamás vuelva a saber de ti.


-No será así, lo juro. Saldré antes de que puedan notarme.


Pero no pudo, al menos no en un principio. Las latas con las que pagamos la deuda inicial tuvo que pagarlas también, y para que pudiéramos seguir comiendo tuvo que salir más, volverse bueno. Cada vez era más el tiempo que pasaba allá afuera, y yo aquí muriendo de miedo- Jergas no sabe si este fue cuando empezó a llorar, pero fue cuando lo notó- las cosas se fueron muy rápido a la mierda. Yo me rehusaba a aceptar su comida, no quería que siguiera saliendo. Empecé a trabajar aquí, le dije que yo podía mantenerlos. Se molestó mucho.


-No voy a permitir que te dejes tratar así por un poco de comida- dijo


-¿Así cómo? ¿es preferible que mueras? ¡no seas hipócrita!


Después de esa pelea nos vimos cada vez menos, hasta el día en que me dio esa tonta planta- volteó hacia Jergas con una sutil sonrisa. Dijo que fue tu idea- entonces señaló a una esquina donde estaba, todavía pequeña, pero tan brillante como nunca- Muchas gracias.


-Karen, debes darle una oportunidad. Al menos de escucharlo, solo piensa que bien puede ser la última vez que lo veas ¿podrías vivir en paz si sabes que lo rechazaste? 


-Supongo que no…”


A este día no sé de qué cloaca se arrastró ese hombre hacia nuestras vidas, pero me alegra que lo haya hecho.


… 



Así fue como Karen accedió a verme. Como ya mencioné antes la ciudad mostraba su mejor lado durante una caminata. Nos encontramos a una cuadra de distancia del burdel, y empezamos a caminar. A pesar de la constante putrefacción a nuestro alrededor, la miseria en la vida de las personas, el hambre de las personas que no eran parte de la mafia, o del gobierno, o se prostituían en algún burdel, encontramos un poco de paz, siempre y cuando siguiéramos caminando.


-Jergas es un buen amigo, aparte del pago me dejó un par de cigarrillos ¿se los diste tú?


-No, las latas me las dieron como “adelanto” si acepto el trabajo- al oír esto se sobresalta de inmediato, no la culpo, pero ojalá me escuchara antes de sobreexcitarse- me juraron que esta vez son un regalo. 


-Pero no importa, lo harás de todos modos. ¿Sabes por qué lo sé? porque prometiste que no lo harías, y jamás cumples tus promesas.


-Jergas me dijo que aún conservas la flor… gracias.



-No pude tirarla, aunque lo pensé. Creo que fui débil, sentí pena por el trabajo y tiempo que le invirtió Jergas (y tú). También porque bien podría ser la última que exista jamás.


-Lo mismo le dije a Jergas cuando me la dio, me dijo que no me preocupara, que lo más seguro es que mucho después de que los humanos se hayan extinto las plantas y animales regresarán, tal vez no como fueron, pero bastante parecidos… bueno, eso si los visitantes no se quedan aquí para siempre, o interfieren demasiado.



-Bueno, entonces, no puedo esperar que terminemos de morir todos nosotros, y en cuanto a los visitantes no creo que sean reales. O si lo fueron alguna vez hace mucho que se fueron. 



Al escuchar esto un frío recorre mi espalda. Si hay alguien capaz de compartir este peso conmigo es ella (ojalá esté muerto). Pero cada vez que empezaba a contarle, mi boca se paralizaba, mi garganta se sentía seca, y las palabras quedaban ahí, atoradas.


-Esto es lo que me propusieron: Entrenoaré a unos cuantos novatos para que aprendan a ir por su cuenta, los acompañaré un par de veces a cada uno, y cuando estén listos los dejan ir. A menos de que ellos mueran, no volveré a poner un pie afuera, aunque quisiera no me lo permitirían. Esto según para poner un ejemplo, e impedir que más gente salga por su cuenta sin pagar su cuota a los administradores. Me prometen seguirme pagando una cuota de comida fija con tal de que no salga, creí que al fin podríamos regresar a estar juntos. Tú podrías dejar el burdel, conseguimos un lugar junto a Jergas. Nos cuidamos mutuamente hasta que muramos… ¿qué dices?


-Es una idea muy bella, pero ¿de verdad crees que te dejarán ir libre? ¿o que te mantendrán gratis? pensé que ya lo sabías, no hay forma de salir jamás de su control. Son muy listos, lo tienen todo resuelto. Además, olvidas que en realidad no quieres dejarlo.


-Claro que quiero dejarlo. Lo que sea con tal de estar junto a ti una vez más.


-¿Lo que sea? bueno, déjalo ahora. Lo que gano con Sofía es más que suficiente para mantenernos a los dos. Si hablo con ella estoy seguro de que puede conseguirte un lugar donde dormir. Tendrías que disculparte por lo que hiciste pero…


-No, de ninguna forma dejaré que sigas ahí. Si de algo seguimos siendo propietarios es de nuestro cuerpo, y el que lo descuides de esa forma… Karen no puedes volver- por un momento su cara, tan llena de paz, pienso que por fin nos entendemos. Entonces explota:


-Eres tan hipócrita ¿está bien que tu arriesgues tu vida, tu cuerpo, con cada vez que sales para al final no saber si regresarás con comida, que al final les darás a ellos, pero si yo me acuesto con otro hombre estoy denigrando mi último vestigio de libertad? Al menos toda la comida que yo consigo es para mi, al menos Sofía no me amenaza, no me obliga a hacer algo que yo no quiera. 


-Oh por supuesto, eso hasta que dejes de ser joven. ¿entonces crees que tendrá tantos cuidados contigo? ¿crees que cuando dejes de llevarle clientes, que atiborren su despensa, ¿te dejará quedar?, ¿te alimentará? 


-Está bien, si así lo prefieres, veamos que pasa primero. Que tu mueras o que yo envejezca ¡Por dios qué clase de vida es esta! -grita en plena histeria. Se lleva las manos a la cara y comienza a llorar.


!Entonces lo recuerdo!


-Karen, hay algo más. La última vez que salí encontré este hermoso lugar -digo pero ella sigue llorando, pero no puedo detener mis palabras- era enorme, sólido, pero acogedor a la vez. Era… es difícil de explicar, por eso quería llevarte hasta allá, aunque sea una vez. Por favor.




Comentarios

Entradas populares